Un día viernes en horas de las once
y treinte de la mañana, el sol se puso como una llama ardiente y por otro lado
se observa una muchedumbre transcurría de un lugar a otro, en plena esquina de
la Avenida España la Avenida Víctor Larco se ubica un puesto de zapatería en el
que Juan Villalobos un caballero de 56 años se gana el pan de cada día
lustrando zapatos y recomponiendo cualquier tipo de calzado, pero lo curioso
aquí es que este hombre a pesar de tener una edad avanzada tiene un mal que
lleva más de cinco años que es el cáncer a la próstata, por causa de esto su
mujer le abandono y sus hijos decidieron abandonarlo, pero este hombre siguió
adelante y empezó a comenzar de nuevo.
“Sinceramente lo que me hizo mi esposa no tiene perdón, ahora que me está yendo bien en este negocio, ya no la extraño, ni mucho menos pienso en ella, pero me lamento de que mis hijos hayan recibido malos consejos de parte de su madre de mi persona señalando de que era un hombre malo, le había hecho infiel y otras barbaridades”, comentó triste el hombre mientras me lustraba los zapatos.
“Sinceramente lo que me hizo mi esposa no tiene perdón, ahora que me está yendo bien en este negocio, ya no la extraño, ni mucho menos pienso en ella, pero me lamento de que mis hijos hayan recibido malos consejos de parte de su madre de mi persona señalando de que era un hombre malo, le había hecho infiel y otras barbaridades”, comentó triste el hombre mientras me lustraba los zapatos.
Este negocio que lleva aquí lo
tiene casi cinco años, en la que a pesar de estar solo consiguió todas las
medidas para levantarse y poder salir adelante a principios consiguió dinero
prestado, para así poder comprar sus materiales y renovar su lugar de trabajo, posteriormente
tuvo un amigo que lo apoyo en la zapatería por un tiempo de seis meses.
Actualmente está en un lugar estratégico donde vienen a adquirir sus servicios
continuamente desde colegiales hasta empresarios, satisfaciendo y superando sus
expectativas.
“Este hombre desde el primer día
que vine aquí además de que lustra bien los zapatos, sentí en él un hombre
honrado y humilde que a pesar de tener cliente nunca menosprecio a nadie, es
más trata a todos por igual, lo vi frente a un colegial”, afirmó Matías Cuenca
Ramírez (32) un empresario que estuvo sentado al lado mío, en mi lado me
compartió su opinión mientras el zapatero estuvo hablando con un señor sobre
temas creo que de negocios. En ese se acerca un hombre le saluda a Juan y este
le invita a tomar asiento su nombre es Roberto Santillán un universitario que
se sienta a mi otro costado y me empieza a contar su relación con el zapatero,
“Este hombre tuvo muchos traspiés, desalientos y barreras pero a pesar de todo
mira cómo está en una gran performance laboriosamente”, mencionó Roberto.
Escrito por
Vicente García

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