¡Uy!
mi amor- dijo luego de silbar como si llamara a un perro, aquel hombre moreno,
de camisa abierta, sentado sobre un banco blanco fuera de una tienda.
Ella
había salido recién de sus clases y lo único que quería era llegar a casa y
poder descansar de un día agotador. No quería más que llegar, sentirse
segura y cómoda en casa, hasta que pasó por un callejón en donde se encontraba
una pequeña bodega, fuera se encontraban dos hombres, uno sentado en una banca
blanca y otro de pie, intentó no preocuparse pero apresuró el paso para evitarlos
a toda costa pues no tenía un buen presentimiento.
Justo antes de pasar por el costado de aquellos
hombres uno le empezó a mandar besos y riendo con su amigo la miraban, hasta
ella se sentía sucia por como la miraban, intentó rodear a los hombres y al
pasar cerca al hombre que se encontraba de pie casi en un susurro le dijo “Que
rica estás”, ella moviendo la cabeza y apretando en un puño las manos pasó casi
corriendo, “Que asco Dios” pensaba, no se le pasó por la cabeza insultarles,
simplemente quería llegar a su casa.
Encendió la computadora para conversar con su amiga sobre el tema, ella formaba parte de un colectivo feminista que apoyó en las campañas contra el acoso callejero y le comentó que casi la mitad de mujeres en cualquier ciudad han sufrido de este acoso a lo cual se aprobó una ley el 26 de marzo del año 2014 que sancionaba a aquellas personas que lo hacían.
Buscando información encontró que todos estaban de acuerdo sobre aquellas personas que hacían este acto tan humillante podrían ser potenciales violadores, lo que la preocupó mucho pues existen mujeres que salen por las calles solas y no se sienten seguras en absoluto.
Es el precio que una mujer paga por el simple hecho de nacer mujer en un mundo donde algunos varones se sienten dueños del mundo.
Buscando información encontró que todos estaban de acuerdo sobre aquellas personas que hacían este acto tan humillante podrían ser potenciales violadores, lo que la preocupó mucho pues existen mujeres que salen por las calles solas y no se sienten seguras en absoluto.
Es el precio que una mujer paga por el simple hecho de nacer mujer en un mundo donde algunos varones se sienten dueños del mundo.
Escrito por
Rosa María Herrera
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